Algunas fotografías literalmente se encuentran, se cruzan por el camino y reclaman la atención mediante el momento. Otras sin embargo se fueron para siempre. Las viste fugazmente, estaban allí pero se escaparon, te empeñas en volver hacia ellas pero nunca vuelven. Nunca de la misma manera. Aceptas la casualidad, el azar o el destino y aprendes a amar también las fotografías que nunca hiciste.